Batad, un trekking por los arrozales

Pocas veces actualizo el blog, y si lo hago es por la morriña que me trae pensar en mis pasados viajes al amanecer cada mañana. Hoy me he despertado pensando en los verdes arrozales filipinos, en las tupidas selvas al norte de Luzon y en las estrepitosas cascadas cuyas aguas pasan por debajo de los oxidados puentes colgantes. Y me han entrado ganas de volver a Asia.

Mi aventura en Batad comenzó a 465km aproximadamente. En la estación de autobuses de Ohayami, en Manila, donde tomaría un autobús directo a Banaue a las 22.00h y llegaría sobre las 07.00h al pequeño pueblo de montaña filipino. Después de varias paradas, comenzó a salir el sol y los valles hasta entonces oscuros y repletos de neblina, comenzaron a llenarse de una tenue luz. Carreteras por las que parecía que el autobús apenas podría pasar, caminos embarrados y a medio derruir que aumentaban la sensación volver a vivir una aventura. Sensación que se vio interrumpida cuando un par de jóvenes filipinos subieron al bus para reclamar a los viajeros el pago de una tasa medioambiental de 30 PHP y ofrecer sus servicios como conductores de jeepneys y tricycles (los famosos vehículos filipinos).

Una vez abonados los 30 PHP, subimos a un jeepney que sin coste nos acerca hasta el centro de Banaue, donde opté por desayunar y tomar un tricycle hasta donde termina la carretera y comienza un camino que nos acerca al pequeño pueblo de montaña de Batad.
Tras un embarrado camino a través de un tupido bosque donde había que ir pisando con mucha seguridad debido a que los riachuelos que había dejado la lluvia de la noche anterior y que se mezclaba con la fresca tierra habían originado una pista de patinaje para todos aquellos extranjeros que osaran cruzar por el valle filipino.

Mapa_Batad

Atravieso las pequeñas calles del pueblo, y comienzo un pequeño trekking en dirección contraria a donde pretendía ir, ya que tal y como me decían “el camino a las cascadas está cerrado por obras”. Aunque veo a los turistas que van acompañados de los guías locales ir en esa dirección, tomo un camino que deciende hacia las entrañas del río cruzando por las casas y las terrazas donde la población local cultiva el arroz.

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Y así, tras un buen rato caminando, llego hasta el lecho del río que desciende de las Tappiya Falls, donde encuentro un escenario casi sacado de una película ochentera de aventuras: un local armado con un rifle y un machete, al inicio de un pequeño puente colgante oxidado que separa las dos orillas del río. El hombre local en un tosco inglés me indica que puedo continuar hacia la cima de la montaña cruzando el río, desde donde tendré una increíble visión de todo el valle.

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¿Y ya está? ¿Así termina el post?
Continuará…

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About the author

Travel writer freelance. Blogger en conunpardebotas.com. Backpacker hasta la médula. Entusiasta de la creatividad, el diseño y, en general, de todo lo que signifique comunicar en positivo.

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